La Tomorrowland Foundation inaugura en Langrug, Sudáfrica, su cuarta escuela de música y artes, la primera en el continente africano.
Tomorrowland es uno de esos festivales de ensueño a los que todo el mundo querría ir por lo menos una vez en la vida. En él pasan cosas que llenan feeds y generan millones de visualizaciones. Pero también pasan muchas cosas gracias a Tomorrowland. Eso no suele hacerse tan viral —si te soy sincera— pero a veces dice bastante más sobre qué tipo de institución está construyendo el festival más mediático de la música electrónica.
Esta semana, la Tomorrowland Foundation ha inaugurado su cuarta escuela de música y artes en Sudáfrica. Está en Langrug, una comunidad en las afueras de Franschhoek, en el Cabo Occidental de Sudáfrica. Es la primera escuela que la Fundación abre en el continente africano. Y si miras el mapa completo —Nepal, India, Brasil, ahora Sudáfrica— ya empieza a parecerse a algo más que iniciativas puntuales.

Langrug: la primera escuela de la Fundación en África
Langrug es un asentamiento informal situado a las afueras de Franschhoek, una de las zonas más conocidas de la región vinícola del Cabo Occidental. A pocos kilómetros de una de las áreas más prósperas y turísticas de Sudáfrica, miles de personas conviven cada día con desempleo, acceso limitado a servicios básicos y pocas salidas visibles para la siguiente generación.
El Langrug Community Centre (LCC) lleva años trabajando en el corazón de esa comunidad. Empezó en 2012 como un comedor y con el tiempo se fue convirtiendo en un hub de desarrollo local, con formación, actividades para la infancia y programas de empleo. Es con ellos con quien la Tomorrowland Foundation se ha asociado para construir la nueva escuela.
El espacio tiene más de 400 metros cuadrados repartidos en dos plantas y una terraza exterior, con aulas diseñadas para música, danza, artes visuales y lectura. Cada tarde abrirá sus puertas para un programa extraescolar dirigido a chicas y chicos de 6 a 16 años, con el objetivo de llegar a una capacidad diaria de hasta 600 personas. La intención es que los propios docentes, artistas y facilitadores salgan de la propia comunidad de Langrug.

Entre quienes llevan tiempo impulsando el proyecto de Tomorrowland Foundation está Kathleen Aerts, cantante y presentadora belga, exintegrante del grupo de pop K3, que lleva varios años viviendo en Sudáfrica con su familia. Ella y su pareja han jugado un papel importante en visibilizar el LCC internacionalmente y en asegurar la continuidad del edificio cuando su futuro estuvo en riesgo.
Cuatro escuelas y una pregunta pendiente
El modelo de la Tomorrowland Foundation funciona así: identifican una comunidad, se asocian con una organización local que ya tiene raíces ahí, y construyen. Ya han conseguido crear cuatro escuelas en cuatro continentes siguiendo un patrón que se repite con bastante coherencia.
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En ZETA ya os contamos cómo funciona todo esto cuando cubrimos la alianza de la Fundación con 4ESKUELA en Medellín —un proyecto diferente al de estas escuelas, porque ahí la Fundación se sumó a una iniciativa que lleva décadas funcionando por su cuenta, no construyó desde cero— pero que responde a la misma lógica: la música y el arte como herramientas reales de transformación, no como decoración.
Lo que me gustaría, más allá de la apertura y la fotos haciendo actividades o las inauguraciones con DJs famosos, es que hubiera más seguimiento de lo que pasa después. Cómo evolucionan las clases, qué hacen los niños que llevan dos años yendo, si el modelo funciona de verdad a largo plazo y si se mantiene. Las organizaciones locales con las que trabaja la Fundación tienen vida propia y trayectoria antes y después de Tomorrowland, lo cual es una garantía. Ojalá la noticia de la apertura de la quinta escuela venga acompañada de noticias sobre las cuatro anteriores.





