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Suno reparte becas a artistas independientes la misma semana en que un bufete histórico lo demanda por robarles la música

Suno afronta una demanda de artistas independientes reforzada por un bufete histórico, mientras reparte becas a ese mismo colectivo con una condición: no criticarlo.

Suno vale 5.400 millones de dólares. Lo consiguió en menos de dos meses, con inversores haciendo cola para entrar. Ahora ofrece una beca para artistas independientes. Los mismos a los que se acusa de haberles «robado» la música. La beca acumula cinco cifras. Y tiene una condición, la de siempre cuando alguien te tiende un cheque con la otra mano escondida detrás de la espalda: firmar diciendo que nunca vas a hablar mal de la empresa. Ni ahora, ni nunca. Suno ha llamado Spark a este programa de becas. Nosotros lo llamamos comprar el silencio.

El bufete que tumbó a las tabacaleras entra en la partida

El 22 de junio, Hagens Berman —el despacho que en 1998 le sacó a la industria del tabaco un acuerdo valorado en 260.000 millones de dólares, el mayor de la historia judicial— se sumó a la demanda colectiva de artistas independientes contra Suno y Udio. Lo hizo el mismo día en que presentaba una demanda enmendada contra Udio en Nueva York.

Su socio fundador, Steve Berman, no se cortó un pelo: «creemos que Udio y Suno han robado descaradamente obras de millones de artistas independientes».

El caso viene dando que hablar desde junio de 2025, cuando Tony Justice —cantante de country y camionero a tiempo completo, autor de un tema que ya suma más de ocho millones de reproducciones— demandó a las dos plataformas por separado. Lo que denuncia es un stream-ripping de su música. Extraer audio de Spotify o YouTube saltándose las protecciones que esas plataformas ponen ahí precisamente para que nadie lo haga, y usarlo después como comida para entrenar un modelo de IA.

El 21 de mayo, un tribunal ya le dio parte de la razón. Rechazó el intento de Udio de tumbar el caso y mantuvo vivas las reclamaciones bajo la ley DMCA. Suno, para qué engañarnos, no ha negado que hiciera stream-ripping. Solo dice que eso no es ilegal en su caso.

La jugada de Spark, vista de cerca

Aquí está la parte que de verdad me interesa contarte, porque es la que casi nadie está poniendo en el mismo párrafo que la demanda. Tres días antes de que Hagens Berman entrara en escena, Suno lanzó Spark: becas y mentoría para artistas independientes.

Sonaría muy bonito si viniera de alguien que se preocupa por la prosperidad del arte y los artistas.

 

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El problema está en que quién firma se encuentra con un lobo con piel de cordero. Si firmas con Suno cedes el uso perpetuo de tu nombre, tu imagen y tu voz. Te comprometes a no trabajar con Udio ni con ninguna otra IA rival durante 60 días. Y aceptas, para siempre, no decir nada malo sobre la empresa. Ni un tweet, ni una entrevista, ni una entrada en tu blog dentro de cinco años, cuando ya ni te acuerdes de que firmaste esto. Unas condiciones que pueden parecer sacadas de un trato con la muerte.

La situación actual no hace más que perjudicar a los artistas. Universal Music Group y Warner Music Group han pasado en pocos meses de demandar a firmar acuerdos de licencia con estas mismas plataformas. Ya os contamos cómo Warner Music y Udio pasaron de los tribunales a los pactos comerciales, con Warner quedándose de paso con Songkick como parte del trato. Sony Music es la excepción, que sigue litigando sin ceder un milímetro. A ver cuanto dura.

Por qué esto se decide este mes, no el año que viene

Hay una fecha marcada en rojo a fuego. Este mes de julio, un tribunal federal de Boston celebra la vista de Sony Music Entertainment v. Suno. Ahí un juez va a responder, por primera vez, a la pregunta que muchos estamos esperando: ¿puedes entrenar una IA con canciones protegidas sin pagar por ellas, si luego lo que sale no es una copia exacta sino algo «nuevo»? Eso es lo que en Estados Unidos se llama fair use —uso permitido, sin necesidad de licencia— y es el argumento con el que Suno lleva defendiéndose desde el primer día.

El caso hermano en Nueva York —Sony contra Udio— ya cerró su fase de pruebas el 26 de junio. Así que los dos llegan a esta vista de julio sin margen para sorpresas de última hora. La base de su negocio la va a decidir un juez este mes.

La respuesta no se queda en un tecnicismo legal. Si el tribunal dice que sí, que es fair use, buena parte de las demandas de los artistas independientes —la de Tony Justice, la que ahora refuerza Hagens Berman— pierde consistencia. si entrenar con música protegida es legal sin más, ya no hay mucho que reclamar. Si el tribunal dice que no, Suno y Udio (y cualquier otra IA musical que haya hecho lo mismo) se enfrentan a tener que pagar por todo lo que ya usaron, y a que hacerlo en el futuro sea mucho más caro.

No es exagerado decir que esta vista puede marcar el resto del año para toda la industria de la IA musical.

Shey Alonso
Programadora. Técnico en producción y sonido para audiovisuales y espectáculos. Le encantan las manualidades y es una amante incondicional de los spaghetti carbonara.
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