Nadie te contó esto sobre trabajar en música electrónica: mujeres, acoso y todo lo que nadie nombra
Una de cada tres mujeres dedicadas a la industria musical ha sufrido acoso. En música electrónica, la inseguridad va mucho más allá. Los datos lo confirman.
Hace unos meses, Amelie Lens dijo algo que esperábamos no escuchar nunca: que la pista de baile y el backstage son su lugar de trabajo, y que ninguno de los dos «es seguro para nosotras». Lo dijo en medio de una oleada de denuncias que sacudió la escena electrónica y que obligó a algunos festivales a repensar sus carteles a contrarreloj. Indira Paganotto y Sara Landry también alzaron la voz.
El debate fue intenso, aunque se centró, como casi siempre pasa en estos casos, en nombres concretos. Pero hay algo que los datos llevan tiempo diciéndonos y que esa indignación puntual no deja espacio para escuchar: el acoso es solo una parte de lo que hace difícil ser mujer en esta industria. Pero no es la única y quizá ni siquiera sea la más difícil de aguantar.
El acoso es parte de la rutina
Una de cada tres mujeres que trabajan en música ha sufrido acoso sexual. El 51% ha enfrentado discriminación por género. Las mujeres tienen ocho veces más probabilidades de ser discriminadas que sus compañeros hombres. Y la mayor brecha salarial de género en toda la industria musical no está en el pop ni en el rock: está en la música dance.
No son cifras que nos acabamos de sacar de la manga. Proceden del Musicians’ Census, el mayor estudio sobre condiciones laborales de músicas en el Reino Unido, con más de 2.500 profesionales encuestadas. Lo que cuentan, si lees todos estos testimonios, es que el problema no es un caso ni son varios casos aislados. Es todo.
La música electrónica tiene unas características que la hacen especialmente propicia para que el daño ocurra y después nadie lo nombre: los horarios nocturnos, los espacios informales donde lo profesional y lo personal se mezclan sin que nadie lo haya decidido, las sesiones de estudio a solas, los festivales donde alojarse cuesta lo que no te han pagado por actuar. Son los mismos entornos que hacen a esta escena única, y que también la hacen, para muchas mujeres, un lugar donde hay que estar constantemente alerta. Hay testimonios públicos de artistas que lo describen con una claridad que no deja demasiado espacio para matices: todo el mundo a su alrededor sabía lo que estaba pasando. Y nadie dijo nada.
Por qué el silencio no es cobardía
El 77% de los profesionales de la industria musical nunca ha denunciado. Los motivos que se repiten una y otra vez son siempre los mismos: que es la cultura del sector, que no hay nadie a quien decírselo, y, por supuesto, el miedo a perder el trabajo.
Los tres son completamente racionales. En una escena tan pequeña como la electrónica, donde todo el mundo conoce a todo el mundo y donde la mayoría de las oportunidades llegan del boca en boca, hablar puede suponer un coste real. Y ese coste no lo paga igual todo el mundo.
AYÚDANOS
A SEGUIR
PUBLICANDO
ZETA LIFE es un blog completamente independiente, sobre música electrónica, tecnología y tendencias.Invitándonos a un café nos ayudas a mejorar el contenido y costear el mantenimiento de la web, que cada vez es más caro. Aporta lo que desees en un solo pago, solo si tu situación económica te lo permite. También puedes suscribirte para hacer una aportación mensual o anual. Gracias ?✨.
Cuando el dinero no llega, cuando los cachés cambian a última hora o directamente desaparecen, cuando trabajar gratis se normaliza como el precio de entrada, hay mucho menos margen para rechazar situaciones incómodas. La precariedad económica y la dificultad para decir que no no son dos problemas separados: son las dos caras de una misma moneda. Y afecta más a quien tiene menos red de seguridad debajo.
Lo que algunas ya están haciendo
La escena empieza, muy despacio, a reconocer que las reglas han estado mal escritas. Hay colectivos que llevan tiempo documentando testimonios y ofreciendo orientación a quienes han pasado por esto. Artistas que han decidido hablar aunque sea incómodo. Voces que se niegan a seguir llamando «el ambiente» a lo que en realidad es un patrón dañino.
En ZETA llevamos tiempo con esto encima de la mesa, porque la escena de la que escribimos no existe separada de los problemas que la atraviesan. Que solo el 29% de los DJs sean mujeres no es un dato anecdótico ni una cuestión de preferencias. Es el resultado visible de años de barreras que se cierran mucho antes de que alguien tenga oportunidad de subirse a una cabina.
La música electrónica tiene talento femenino de sobra. Lo que sigue faltando es una estructura que deje de ponérselo tan difícil.





