Getafe exige la cancelación de Mad Cool 2026: el ruido llega a los dormitorios de sus vecinos
El Ayuntamiento de Getafe impugna la licencia del Mad Cool con mediciones que certifican que el ruido llega a las viviendas. El festival se celebra en julio.
Esta semana el Ayuntamiento de Getafe ha vuelto a impugnar la licencia del Mad Cool Festival. Esta vez han presentado un histórico de mediciones acústicas, elaborado por sus técnicos, que certifica niveles de ruido ilegales dentro de los dormitorios de los vecinos de Getafe Norte. Este informe técnico lleva años acumulándose y parece que el Ayuntamiento de Madrid, que concede la licencia y patrocina el evento, ha decidido ignorarlo por completo.
Lo más llamativo de esta historia es que a pesar de que haya una causa penal pendiente de juicio oral contra el director del festival y la empresa promotora por los niveles de ruido de la edición de 2023, la programación del recinto donde se celebra ha crecido un 425% en tres años. Ha pasado de cuatro días a 17 jornadas confirmadas para 2026 y la respuesta institucional de Madrid ante todo esto es, literalmente, «no va a parar».
Tres años de quejas, un juicio pendiente y el festival sigue creciendo
El Mad Cool se celebra en el recinto Iberdrola Music de Villaverde desde 2023. Ese primer año fue también el origen del procedimiento judicial que todavía sigue abierto: el Juzgado de Instrucción número 34 de Madrid abrió juicio oral en septiembre de 2025 contra el administrador del festival y contra la mercantil Mad Cool Festival S.L. por un presunto delito contra el medio ambiente. La Fiscalía pide dos años de cárcel para el responsable y la inhabilitación de la empresa para recibir subvenciones públicas. La vista oral sigue pendiente de celebrarse.
Mientras tanto, el recinto no ha parado de crecer. Este año acoge, además del Mad Cool, once conciertos de Shakira que requieren la construcción de un estadio temporal. Las plataformas vecinales Stop Mad Cool y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid llevan meses alertando de que el Iberdrola Music se está convirtiendo de facto en un macrorecinto permanente sin que nadie haya resuelto el problema estructural que lo rodea. El recinto está pegado a las zonas residenciales de Villaverde y Getafe Norte, el barrio ya supera los límites del Mapa Estratégico de Ruido por la proximidad de la M-45, y la suma de ambas presiones sonoras crea una situación que sus propios técnicos califican de insostenible.
La Comunidad de Madrid, que lleva varios años patrocinando el evento con más de un millón de euros anuales, no ha tomado medidas estructurales para resolver el problema. El Ayuntamiento de Madrid, que concede las licencias, tampoco. El delegado de Urbanismo, Borja Carabante, ha declarado que el festival se va a celebrar «porque se ha convertido en un gran evento a nivel mundial». Esa respuesta explica mucho sobre las prioridades y casi nada sobre el problema real.
El problema no es el festival sino el modelo
Los festivales de música no son incompatibles con las comunidades que los rodean. Hay modelos que funcionan bien y llevan décadas demostrándolo. Monegros Desert Festival se celebra en el desierto aragonés, entre Candasnos y Fraga, lejos de cualquier núcleo residencial. El ruido no llega a ningún dormitorio porque está lo suficientemente alejado del núcleo urbano. No es un problema de escala ya que acuden anualmente más de 55.000 personas; es un problema de ubicación.
Tomorrowland, por su parte, lleva dos décadas celebrándose en Boom, una localidad belga de menos de 20.000 habitantes. Cada año recibe a más de 400.000 asistentes de casi 200 países. El impacto sobre la comunidad local existe, pero funciona en otra dirección: hoteles, restaurantes, transporte, comercio. La derrama económica del festival se queda en la región. Los vecinos no lo viven como una imposición sino como algo de lo que, en parte, también son beneficiarios.
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El caso de Iberdrola Music es diferente. El turismo y el beneficio económico del Mad Cool revierten sobre Madrid ciudad. Los vecinos de Getafe Norte reciben el ruido, los problemas de movilidad y la saturación de un recinto que lleva tres años creciendo sin solución a los problemas que generó desde el principio. Es un reparto muy asimétrico. Y lo que resulta difícil de entender es que quien tendría que regularlo sea exactamente quien lo financia.
¿Es posible celebrar el Mad Cool sin vulnerar los derechos de los vecinos?
La alcaldesa de Getafe ha señalado que sus vecinos merecen el mismo trato que los del Bernabéu o los de la Ciudad de las Artes en Valencia, donde los conflictos por el ruido han derivado en restricciones reales. En esos casos, la presión vecinal y judicial acabó moviendo a las administraciones a actuar. En Madrid, de momento, la respuesta sigue siendo «no va a parar».
Que haya un juicio pendiente y mediciones que certifican que el ruido sobrepasa lo legal en las viviendas dice mucho sobre cómo se toman ciertas decisiones cuando hay dinero e interés político de por medio. La pregunta no es si el Mad Cool merece celebrarse. Claro que sí. La pregunta es si merece celebrarse ahí, en esas condiciones y a costa de quién.





