¿Compra de reproducciones en streaming?
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Fraude en el streaming: ¿Compra de reproducciones?

La compra de reproducciones es algo habitual en el mundo de la música en streaming, pero vetado por plataformas como Spotify. ¿Cómo funciona?


Ya hemos hablado en otras ocasiones de lo que cobra un artista en Spotify. Una cifra que si bien va variando y depende mucho del artista, acuerdos de licencias y otras movidas, nos da una pista de que hoy en día no se gana tanto con la música. Al menos, si no hay giras, marchan y demás inventos.

En los últimos días hemos oído hablar de cierto artista español llegando al #1 mundial siendo prácticamente un desconocido. Las redes sociales se han llenado rápidamente de teorías sobre como lo habría conseguido. En el caso de Iñigo Quintero, parece que la cosa ha ido más por el lado de un marketing musical bien ideado y de ciertas alianzas algo dudosas, pero legales. Aún así, por lo que se ha sabido (que no es mucho) no parece que hubiera compra de escuchas ni algo parecido. Pero… ¡Un momento! ¿Acaso hay posibilidades de que sus reproducciones no sean orgánicas? ¿Se pueden comprar realmente escuchas en una plataforma como Spotify?. Nos asaltan las dudas!

Por ese motivo, nos hemos puesto a investigar un poco sobre cómo se manipulan los números de reproducciones, si es que se puede, en las plataformas de streaming. También queremos resolver la eterna pregunta: ¿Se pueden comprar escuchas en plataformas de streaming?

¿Es posible comprar plays en plataformas de streaming?

La respuesta corta sería sí. La compra de reproducciones existe y se usa para dar bombo a un canción o a un artista, fingiendo que tiene más escuchas de las que realmente ha obtenido.

Es posible comprar reproducciones en plataformas de streaming como Spotify. Existen empresas que ofrecen servicios de incremento de reproducciones, aunque esto va en contra de las políticas de Spotify y otras plataformas. Esta práctica se considera fraudulenta ya que altera la percepción de la popularidad de un artista y puede acabar en sanciones por parte de la plataforma. La compra de reproducciones no solo es éticamente cuestionable, sino que también puede tener consecuencias legales y perjudicar la reputación del artista.

Todas las plataformas de streaming se enfrentan cada día a este tipo de fraudes. Spotify, al ser la plataforma de escucha de música más popular, quizás se enfrente a ello de forma más habitual. Por eso emplea algoritmos avanzados para detectar comportamientos inusuales que puedan decirle que “alguien” no está jugando limpio.

Analizando datos, uno de los más evidentes puede ser el tiempo de reproducción. Las empresas que realizan estas reproducciones mediante bots, no suelen reproducir la canción más de 31 segundos, lo justo para que Spotify cuente esa reproducción. También el periodo de tiempo en el que se realizan escuchas repetitivas puede llamar mucho la atención. Cuando un artista tiene un pico de popularidad natural (porque se ha hecho viral, ha aparecido en la televisión o un concierto ha llamado mucho la atención) hay un pico de reproducciones que se va diluyendo con la pérdida de interés del público. En casos de fraude de reproducciones, el pico suele ser muy localizado y no deja mucho rastro después. Se suelen comprar reproducciones como una forma de fingir una popularidad del artista que no existe, pero si no hay una campaña funcionando, no sirve absolutamente de nada.

Spotify, siempre con la mosca detrás de la oreja

Spotify, que es perro viejo, ha ido incorporando medidas cada vez más sofisticadas para detectar y combatir las reproducciones fraudulentas en su plataforma. Si antes podría bastar con reproducir una canción repetidamente en varios dispositivos, ahora la cosa es más complicada, especialmente con la emergencia de la compra de reproducciones que ha añadido una capa adicional de desafío.

Spotify utiliza una combinación de algoritmos y revisión manual por parte de empleados para detectar reproducciones fraudulentas. La compañía sigue los hábitos de escucha y marca las reproducciones sospechosas. Emplea algoritmos y moderadores para buscar patrones sospechosos y tiene un montón de medidas de detección de fraudes para monitorear el consumo en el servicio, detectar, investigar y tratar la actividad fraudulenta.

Cuando la plataforma de Spotify detecta actividad sospechosa, toma medidas apropiadas de inmediato.


Aunque algunas compañías de marketing ofrecen promocionar legalmente la música de los artistas, en realidad utilizan bots para inflar las cifras de reproducciones. Spotify aconseja a los artistas que, si notan tal actividad sospechosa, contacten al servicio de soporte de Spotify de inmediato, o podrían perder todos sus logros e incluso ser baneados como artistas sin cobrar las regalías de las canciones.

Estrategias de Marketing Digital en la Música

Aunque el streaming ha roto muchas barreras y le ha dado a cualquier artista la posibilidad de llegar a oídos de todo el mundo, también ha traído consigo nuevos desafíos. En esta selva digital, los músicos tienen que ser casi como superhéroes, luchando por encontrar su espacio en el vasto universo de Spotify, Apple Music y demás plataformas.

Las estrategias de marketing en la música hoy día abarcan un amplio espectro que va desde la promoción digital hasta las colaboraciones entre artistas. Por ejemplo, un artista puede decidir lanzar teasers de su nueva música en redes sociales o colaborar con otros músicos para aprovechar las audiencias de cada uno. También puede optar por alianzas con marcas o apariciones en eventos en vivo (virtuales o presenciales) para promocionar su trabajo.

La cosa ha cambiado mucho desde que llegó internet y plataformas como Spotify. Pero no os equivoquéis, aunque en un principio la música se convirtió en algo mucho más democrático, las discográficas y agencias se han puesto las pilas y han conseguido volver a controlar el negocio. Y es que, detrás de muchos de los virales que vemos cada día, hay mucha pasta. Hoy en día, casi nada es casual.


Ahora, adentrándonos en el “lado oscuro” de estas estrategias, encontramos prácticas que, aunque legales, pueden rayar en lo ético. Por ejemplo, las alianzas y estrategias digitales pueden ser utilizadas de manera astuta para impulsar la popularidad de un artista. También existe la compra de reproducciones, que aunque pueda parecer una manera rápida de ganar visibilidad, no es una práctica honesta ni bien vista en la industria. En muchos de estos casos no hay prácticas ilegales, pero puede existir un juego de influencias y alianzas que podrían ser vistas como una forma de manipulación del sistema para ganar visibilidad. Y aquí voy con pies de plomo, creedme.

En este sentido, la ética se convierte en un tema de debate. Por un lado, estas estrategias pueden ser vistas como una forma inteligente de navegar en el saturado mundo digital musical. Por otro lado, también pueden ser percibidas como una forma de engañar al sistema y a la audiencia, creando una falsa percepción de popularidad.

Las playlist: El lado de la luz

La magia de las playlists en Spotify no solo radica en descubrir esa canción que no sabías que necesitabas en tu vida, sino también en cómo pueden catapultar a artistas emergentes al estrellato. Cuando un curador te incluye como artista en una de sus listas populares, ¡bam!, tus reproducciones se disparan. Quién sabe, quizás hasta te encuentres con nuevos fans que estén listos para seguirte en tu travesía musical. Es una forma más auténtica y aceptada en comparación con la compra de reproducciones, que puede llevar a consecuencias no deseadas.


Las playlists también son como imanes que atraen a comunidades de oyentes con gustos similares, creando ese bonito espacio donde puedes fangirlear o fanboylear sobre ese nuevo descubrimiento musical con otros que comparten tu entusiasmo.

Y si eres un artista, las playlists te dan esa ventana para colarte en los auriculares de gente que aún no te conoce. Además, a través de ellas puedes hacer buenas migas con otros músicos, compartiendo el amor por la música y, por qué no, planear colaboraciones futuras.

Los curadores de playlist

Algunos artistas y agencias optan por la compra de reproducciones para dar un empujón inicial a sus temas, aunque esta no es una práctica bien vista ni legal. Por el contrario, las playlists surgen como una opción más genuina y favorable.

La prescripción musical ha existido desde que se inventó la música. Si hace algunas décadas, esta tarea parecía exclusiva de la radio musical o los canales de música tipo MTV, hoy la cosa se ha diversificado mucho más. Podemos encontrar muchos tipos de prescriptores musicales.

Dentro del mundo de Spotify, los curadores de playlists son como los exploradores que nos guían a través de un vasto territorio musical. Entre ellos, tenemos a los curadores editoriales de Spotify, quienes listas que se convierten en el santo grial para descubrir nuevas melodías.

Luego, están las grandes casas discográficas. Ellos también tienen su propio rincón en esta selva, creando playlists que a menudo resaltan a sus estrellas firmadas.

Pero no todo es tan corporativo. También hay curadores independientes. Los rebeldes del sistema, creando sus propias listas y dando a conocer a artistas emergentes. También hay músicos que comparten sus gustos y descubrimientos en sus playlists, lo que nos da un vistazo al mundo musical que les rodea. Lo difícil aquí es saber quien realmente es auténtico.

En el lado más trendy, encontramos a los influencers y blogueros, que con su buen oído y seguimiento en redes, crean listas que reflejan su estilo y nos introducen a sonidos que posiblemente nos habrían pasado desapercibidos. Claro, en este mundillo, también existen las recomendaciones pagadas.

Entre otros tipos de curadores, encontramos marcas, que utilizan la música como extensión de su identidad y la propia comunicad de Spotify. Usuarios que comparten altruistamente sus gustos.

Así que…

Sí, se pueden comprar reproducciones falsas para una canción. Pero si eres artista, no te lo recomendamos. Poco cambiaria un número si no hay una estrategia detrás.

Hemos querido responder a una pregunta muy sencilla y hemos descubierto todo un mundo. Tanto la forma de escuchar nueva música como la forma de promocionarla ha cambiado radicalmente en los últimos años. Me atrevería a decir que incluso más después de la pandemia. El algoritmo manda y puede ser nuestro mejor amigo tanto en el lado del oyente como en el del artista.

En el mundo de la música no hay luz sin oscuridad. Yo siempre procuro vivir en la luz… Y te sugiero que hagas lo mismo.

Raúl Fernández
Locutor, Productor de contenidos y Técnico de Sonido. Presentador «OHMYDANCE». Apasionado de la radio desde los 11 años. Le gusta la fruta escarchada.

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